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Diario Irrelevante

-¿Qué sabes de este asunto? - le dijo el Rey a Alicia -Nada - dijo Alicia -¿Nada de nada? - insistió el Rey -Nada de nada - dijo Alicia -Eso es muy relevante - dijo el Rey, volviéndose hacia el jurado.

13 Abril 2011

Galería Impertinente XLVIII - Espú o una temporada en Vulcano

Uno de los enigmas que mantuvo en vilo a los astronomos del mundo entero... la existencia del planeta Vulcano.

Su órbita fue predicha, calculada minuciosamente, pero jamás fue observado. Hasta que un empleado de una oficina de patentes demostro que Vulcano solo existia... en los sueños de algunas personas.

Mercurio y la observación de su órbita ponía en serios aprietos las mismísimas leyes de Newton. Conforme se obtenían datos sobre él, nada se correspondía con lo que debía ser... Tenia una órbita diferente, así que los sapientísimos astrónomos supusieron que debía haber otro planeta, aun no descubierto, que estaba influyendo en su órbita.Y  por tanto... existía otro planeta desconocido, un planeta al que llamaron Vulcano.

Sabios con tanto crédito bastaron  para convencer a la mayor parte de la gente de la existencia de Vulcano, un planeta que orbitaba entre Mercurio y el Sol. De esta forma se explicaban los extraños recorridos de Mercurio: Vulcano era la causa. Ahora lo que todo el mundo queria ver... era el nuevo planeta.

Se calculó exactamente donde estaba, su órbita e incluso su masa. Pero nadie lo encontró. Hasta que finalmente Edmonde Lescarbault, un medico aficionado a la astronomía, lo pudo ver. Describió todo con tanto lujo de detalles, que se le concedió  la Legion de Honor Francesa.

Pero ningún otro observatorio conseguía ver a Vulcano. El planeta mas cercano al Sol permanecía oculto y nadie se lo explicaba. De vez en cuando llegaban noticias de avistaciones hechas en algún lugar remoto por un aficionado desconocido. La verdad es que no eran muy fiables, y ni siquiera lo veían en los lugares previstos por los cálculos. Esto no lograba más que acrecentar el misterio en torno al dichoso planeta.

Finalmente, y algo desquiciado ya el mundo de la astronomía, se propuso una solucion al problema: Vulcano estaba tan próximo al sol que era imposible verlo. De hecho, mas de un astrónomo había sufrido daños oculares intentando verlo. Pero podría ser visto durante los eclipses. Hasta se publicaron los datos necesarios para que el planeta fuera visto en los siguientes eclipses... pero Vulcano no apareció.

Los astrónomos cada vez dudaban mas de la existencia de Vulcano, Mercurio estaba mas allá de las leyes de Newton. Sin pretenderlo, se habían descubierto los limites de la fisica clásica.

Hubo que esperar un buen puñado de años para explicar el enigma. En 1915, un empleado de patentes aportó al mundo las nuevas ideas necesarias. Unas ideas que supondrían un cambio radical en el conocimiento que el ser humano tenía del universo, tan importante como el cambio que supusieron las ideas de Newton en su momento.

Ese empleado de patentes se llamaba Albert Einstein, y sus ideas eran la Teoria General de la Relatividad, que, entre muchas otras cosas, explicaba perfectamente la órbita de Mercurio.


Hay padres, que de verdad, cuando le ponen el nombre a su hijo, un nombre que ha de acompañarlo durante toda su vida, deberían tener un poco de sensibilidad. Pero des afortunadamente para aquellos que lo sufren algunas familias tienen a gala distinguir a sus vástagos con nombres atroces que se heredan generación tras generación. Esto llega a extremos tremendos en algunas ocasiones; mi cuñada tiene una prima, lejana, que se llama Odiosa, y aquí mi costilla cuenta en su familia con una larga saga de Eudosias. Pues bien, el retrato de esta mi recuperada galería que hoy me ocupa lo protagoniza un nombre no menos incómodo: Espurio.

Llamarte espurio es una putada, lo mires como lo mires, da igual que tu padre y tu abuelo y el tatarabuelo de tu bisabuelo se llamasen así. Hay cosas que ni por esas tienen consuelo, y Espurio lo miras en el diccionario y pone: (Del lat. spurĭus).

1. adj. bastardo (que degenera de su origen o naturaleza).

2. adj. falso (engañoso).

Ya me diréis, amiguitos y amiguitas si es o no una cabronada, por muy tradición que sea, tener que apechugar con esto toda la vida de uno. No valen prendas, ni que un tal Spurius (por lo visto vine de ahí) redactara una reforma agraria en la antigua Roma que favoreciera al proletariado, no creo que haya conciencia popular que llegue a tanto. Por no tener no tiene ni santo en el santoral, así que nuestro amigo de desdichado nombre tuvo una infancia con un regalo de menos.

Es por lo tanto justificadísimo que en cuanto tuvo uso de razón para inspirar algo de piedad el muchacho acortara su nombre y lo dejara en Espú. Quiso la tele y su talante un poco friiqui que con el tiempo todos le llamásemos Spock (pero pronunciado así ¿eh? Espú, que para eso era de Calasparra)

Espú, al que de ahora en adelante llamaré Spock llegó a Madrid procedente de la tierra del arroz bomba allá por los 80, cuando Madrid era Madriz sin avergonzarse de la Z y estaba coloreado como un comic de edición cara. Spock llegó con una maleta dura de cuero marrón, con las esquinas peladas de tantos años, de esas con cierres cromados que al tocar la cerradura hacían un click y saltaban como un disparo, en esa maleta llevaba algo de ropa; hasta un chaleco hecho con una colcha bordada a mano que su tía Esperanza, la única que parecía entender de sus tardes a solas mirando por la ventana, le había cosido con cariño para ponérsela el día de San Abdón y san Senén, que hay que ver la querencia de su bendito pueblo por los nombres bizarros. Además de la maleta se trajo del pueblo un amargor largo de tanta burla, un bronceado perfecto y un cuerpazo. Porque Spock tenía uno de esos cuerpos espigados, de músculos dibujados sin aspavientos de los que han crecido trabajando a destajo. También vino con él una curiosidad inmensa, una peligrosa inocencia y un hambre atrasada de abrazos.

Había conocido ese verano, una tarde en la fería, en la que reventaba de guapo con su chaleco bordado, a unos chicos de Madrid que habían venido de turistas en una tienda de campaña. Eran cuatro, tres chicos y una chica, ella no era novia de ninguno ni nada, y dormían en la tienda de lona los cuatro. La chica, que fue a quien conoció primero era artista, pintora, y los chicos tenían pinta de dedicarse a algo parecido, con esas camisas de colores y las manos tan cuidadas, fue en lo primero en que se fijó, en sus manos, con las uñas recortadas y limpias y sin asomo de callos.

Él les enseñó el pueblo, le daba igual que la gente los mirara tanto, incluso estaba orgulloso de pasearse con los forasteros, estuvieron los tres días de ese último fin de semana de Julio juntos, anduvieron, charlaron, bebieron, fumaron cigarros de la risa, y por primera vez en su vida descubrió el sabor de otros labios. El se dejaba querer y lo probaron todos, los cuatro.  Se acabó el fin de semana y cuando los acompañó al coche, Federico, el más alto, le dijo ¿te vienes?. Dicho y hecho, en su casa no había nadie, estaban de fiesta, llegó en un salto, hizo la maleta en otro y en el siguiente ya estaba sentado en el coche.

Paso por la esquina del Figueroa, en plena calle Hortaleza,  y veo un chicazo con un chaleco precioso sentado en el bordillo de la acera con una maleta de cuero vieja a un lado, lo miro con intención, pero parece muy preocupado por algo y no me hace ni caso, bajo a la plaza de Chueca, que por aquellos entonces era una droguería y un desastre con mucho encanto, me compro unos porros, miro el ganado, voy a subir por Pelayo,  me acuerdo del chaledco imposible y la mirada tan triste, desando hasta la esquina y me meto por Hortaleza, está igual de solo, igual de triste, e igual de bueno.

- Hola

- Hola, me mira desde abajo con ojitos de perro apaleado

- ¿te pasa algo? Tienes cara de preocupado.

Y ve el cielo abierto, y me cuenta de su fin de semana con los cuatro de Plaza Castilla, que se ha venido en un arrebato, que todo muy bien, que el viaje un escándalo de risas y besos y que cuando han llegado le han dicho que iban un momento a Arturo Soria, como si Arturo Soria estuviese ahí al lado y que en media hora volvían y que iban para cuatro horas y nada, y que era la primera vez que venía a Madriz y que no entendía nada, que a ver si les había pasado algo.

Me encandila su candidez, bueno, aparte de los triceps que dibuja el chaleco y su perfecto bronceado, le sugiero que tomemos un café o un loquesea en el Figueroa, que desde el cristal podemos ver si llegan sus amigos, entramos y seguimos charlando, del arroz bomba, del amor a primera vista, del café de cafetera y de la espumita que tienen los de las cafeterías, de los pueblos y de los engaños, y charlando pasa el tiempo, ya no quedan más que dos chicas arriba y nosotros dos abajo.

- Bueno Espú ¿te vienes a casa?

- Mis amigos no van a venir ¿verdad?

- Pues no creo, la gente ya sabes, te embarca y luego se lava las manos.

- Vale, menos mal que has aparecido.

Le aprieto con cariño la mano, ni hace falta pillar un taxi, vivo entonces en Valverde, casi al lado.

Cuando llegamos la Pepa se está haciendo un cola cao, con la leche hirviendo, como a él le gusta.

- Hola, yo soy Jose ¿y tú?

- Yo soy Espú

- Vaya chico tan guapo ¿de dónde lo has sacado?

- De dónde va a ser, de Vulcano.

servido por louloulabiche 9 comentarios compártelo

9 comentarios · Escribe aquí tu comentario

louloulabiche

louloulabiche dijo

Reabro la galería, tanto calor y tan poco color me hacen creer que vale el esfuerzo. Gracias Isabel, lo mío, lo de verdad, es contar cuentos. Contestad la preguntita de abajo o no sale (esto debe ser nuevo)

13 Abril 2011 | 06:32 PM

isabel61

isabel61 dijo

Hijo ¡de verdad! no sabes cómo te echaba de menos. Esos relatos son fantásticos y tan llenos de ternura que te evaden de la realidad un instante y un instante es mucho con la atmósfera tan plúmbea que sufrimos desde que nos levantamos.

Todo está dispuesto para que al saltar de la cama te inoculen la dosis de cabreo que irá en aumento a lo largo del día y si además le sumas la mediocridad que lo invade todo como si fuera un virus, te harás una idea lo que se agradece tu vuelta. El momento más glamuroso de las últimas semanas ha sido la muerte de Elizabeth Taylor ¡ya ves! para volver a recordar sus películas y es que hasta Karl Lagerfeld parece que tiene los días contados en Chanel.

El mundo se desmorona Lou. Un abrazo...enorme

13 Abril 2011 | 10:13 PM

isabel61

isabel61 dijo

Supongo que a estas alturas habrás comprobado que estamos en un cementerio de elefantes ¡qué pena de soporte!¡qué lástima de post! y ¡qué mal vamos!. La mediocridad nos devora.

16 Abril 2011 | 10:38 PM

louloulabiche

louloulabiche dijo

Ninguna lástima, en estando los que somos estamos los cabales, hasta ahora lo han leído según los del mapita más de 500 personas, será que no les apetece decir nada, o que no saben en que provincia está Vigo o cuantos lados tiene un hexágono, o les fatiga tanta puerta para decir algo, o... Da igual amiga, solo con que uno solo o una sola se haya conmovido un milímetro me doy por satisfecho. Voy a seguir escribiendo, por lo menos hasta el 100. Cada miércoles, seguro.

18 Abril 2011 | 03:15 AM

Rem

Rem dijo

Muy curiosa la historia, me alegra mucho volver a verte por aquí.
Espero que sigas escribiendo como dices.
Un saludo

19 Abril 2011 | 03:56 PM

isabel61

isabel61 dijo

¡Cagüenlá! pensaba que habías publicado y venía a relajarme cuando me he dado cuenta que hoy es martes. Si es que me crispan y pierdo el oremus.

Un abrazo.

3 Mayo 2011 | 08:06 PM

louloulabiche

louloulabiche dijo

Jajajajaj,mañana, o sea,luego, un besito y no hagas caso, que pa qué

4 Mayo 2011 | 02:04 AM

ser_anonimo

ser_anonimo dijo

Te he echado tanto de menos...
Escribeme vampiro, cuentame... como estas, cuentame un cuento que no le hayas contado a nadie.
Besos

26 Mayo 2011 | 11:11 AM

reyes caballero

reyes caballero dijo

gracias por pasar por nuestro espacio y dar tu punto de vista. gracias pro existir y dar esta muestra de arte. un saludo reyes caballero

3 Junio 2011 | 08:45 PM

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Sobre mí

LouLouLaBiche exactamente, nada es casual, acumular tantos fracasos exige una alto porcentaje de éxitos preliminares. Las emociones siempre se me asoman a la boca. Amo la sátira, lo espléndido, el carnaval, los primeros encuentros, el lino y la mar. Me gustan las nucas estrictamente afeitadas, la audacia, los vaqueros que se separan de la cintura y dejan ver la parda línea divisoria de las nalgas y la franja baja y tirante de los calzoncillos, el Tournedos Montagnarde, el Fondillón y Aretha Franklin. Creo en el sentido de los besos, en el encanto de los chicos malos y en el país de las maravillas. Desde aquí despliego mi verbo para encontraros en una sonrisa..................
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