CANCIÓN DEL NIÑO QUE QUERÍA IR A LA LUNA
Quiero plantar un árbol en la luna, madre,
Porque la hermosa luna es sorda y fría.
Quiero tejer un nido de gorriones, madre,
en la luna que es gris y que no alienta.
Quiero estrechar la mano al selenita, madre,
aunque sea de piedra y de silencio,
quiero apoyar con fuerza mis labios en la luna, madre,
como si fuera un tibio cutis de muchacha.
Quiero plantar un árbol en la luna, madre.
Quiero tejer un nido de gorriones, madre.
Quiero estrechar la mano al selenita, madre.
Quiero apoyar mis labios en la luna, madre.
Quiero,
Que cuando lleguen los sabios hombres a la luna, madre,
aprendan de una vez,
lo que es un árbol,
un gorrión,
la mano de un amigo,
y un rostro que se ama…
porque los sabios hombres, madre,
casi lo han olvidado.
J.A. Muñoz
“ La casa de San Jamás”
Hay hadas del mar, no tienen nada que ver con las sirenas, no cantan canciones fatales ni tienen cola de pez, son hadas buenas que crecen en en la espuma de las olas. Mi abuelita Remedios era una, sabía los secretos de tejer redes, conocía la hora en que cada pescado acudía al cebo, me contaba historias fantásticas de pulpos gigantes que raptaban a las niñas que se bronceaban en las rocas y sabía cocinar los frutos del mar de mil y una maneras, era hermosa y su risa sonaba como una catarata de alegría por cualquier cosa.
Mi abuelita Remedios era una artista con las tijeras, una modista de las de antes, no le hacían falta patrones de papel ni cintas métricas, ella ponía la tela sobre el cuerpo, cogía mil y un alfileres y al día siguiente, como el hada de cenicienta, estaba el vestido hecho, perfecto, sin pruebas. Ella fue quien me enseñó el punto del arroz, y a cortar una sisa; la navidad era su reino, era la reina de cualquier fiesta. Fué la primera que puso en mis manos un pincel y la única a quien no le importaba que manchase toda la casa para pintar una silla vieja. Recuerdo sus carnes mullidas y blanquísimas, como la espuma de mar, como un refugio íntimo y secreto; cuando era muy niño me gustaba sumergirme en su regazo de flan y se paraba el tiempo.
Era alta y guapa, como una alemana, aunque había nacido en Torrevieja, pasó la infancia entre barcas, olas y arena. La guerra la pilló desprevenida y defendió lo suyo como una fiera, cada día andaba doce kilómetros de ida y doce de vuelta para ir al mercado y traer lo que hubiera, toreó a la tosferina, a un terremoto, a un piquete que le quería arrebatar el marido, y a la misería.
Siempre me llamaba precioso y nunca me hizo las cuentas, vivía la vida con alegría, sin embargo le aterraban las ollas a presión y las bombonas de butano y se negó siempre a usar la lavadora. Una vez le pidió fuego a Alfonso XIII, trataba a la chica que le ayudaba en casa como a una hermana, fue la principal responsable de que la Tita se quedara soltera.
Usaba un perfume que me la devuelve cada vez que lo huelo: Echt Kolnish Wasser Nº 4711
Hay hadas del hogar, son hadas de magia doméstica, tienen el vuelo corto, más bien se quedan en casa y cuando salen siempre van a otra casa de la familia, y no quiere decir esto que su magia sea menos fantástica, solo es una magia como más de cerca. Mi abuela Rosario era una, conocía las proporciones de las magdalenas y los mantecados y de los mejores almendrados del mundo, sabía mediar como una vicecónsul, su frase preferida era "al mejor acuerdo", y se duchaba dos veces al día, decía que para no oler a vieja. Era guapa y menuda, se reía sin hacer ruido.
Mi abuela Rosario tenía 21 nietos y ya pasaba de la media docena de bisnietos, bordaba con tanto primor que le podías dar la vuelta a la labor y no le echabas cuenta, haciendo ganchillo era como Penélope, podía urdir una colcha en varios años y deshacerla porque la puntilla pegada no le acababa de convencer. Ella fue quien me enseñó a hacer los gazpachos, a contar,a sumar y el valor del dinero, fué la primera persona que me dió trabajo, vendiendo sardinas de cuba en la tienda. Recuerdo su melena larguísima y blanca que solo una vez pude ver desplegada, siempre la recogía en un moño bajo, aquella vez que la vi con el pelo suelto me pareció aún más hada.
Era bajita y bien dispuesta, con unos pómulos preciosos y un buen par de tetas, vivió a la sombra de su marido, que era como un ogro de un cuento, y cuando se quedó viuda se hizo moderna y abierta, nada le escandalizaba, todo le parecía normal para la gente moderna, "ahora la vida es así" decía, sin más problema. La guerra la pilló en el pueblo y tanta barbaridad hubo de ver que nunca la oí hablar de aquel tiempo.
Daba pellizquicos de monja, nunca se quejaba por mucho trabajo que hubiera, le gustaba arreglarse e ir a misa. Tuvo un hermano que se murió de un atracón, era la única señora del pueblo que tenía una chica de servicio que era madre soltera.
También tenía su perfume que me la devuelve si lo huelo: Carolina Herrera
La infancia, al menos la mía, es una playa triste y lejana a la que intento escanmotear las olas de la memoria, a mi abuelita la recuerdo iluminada, como un faro en medio de aquella niebla. Para ella yo era el que mejor cantaba, el más guapo y el más listo, y la que, cuando mi padre me ahogaba, siempre daba la cara. Vivía en el piso de abajo, así que cuando los caballos que galopaban en mis sienes se desbocaban solo había que bajar un piso y siempre la encontraba.
Una de las cosas mas incomprensibles de mi infancia fue la negativa de mi padre a cualquier propuesta, no era lógica, no obedecía a una estrategia educativa ni respondía a ningún criterio, seguramente era consecuencia de la juventud con la que tuvo que enfrentarse a esa tarea, yo le preguntaba, y él de vez en cuando, tampoco era una norma inquebrantable, me respondía, no - ¿por qué?, le preguntaba yo, aunque ya sabía la respuesta de antemano - Porque no, podría haber dicho que sí, pero mira, he dicho que no. Eso, como comprenderéis, me parecía incomprensible y terriblemente frustrante.
Aquella tarde había un circo en mi colegiop, que era un colegio moderno que habituaba a programar ese tipo de cosas, era un sábado, cuando pregunté si podía ir, como ya sospechareis, me encontre ese no aleatorio por respuesta. Mi frustración y yo bajamos a ver a la abuelita, que estaba, lo recuerdo perfectamente, pelando alcachofas, ella me escuchó como siempre hacía, acabó de dejar todas las alcachofas cortadas en un cuenco con pedazos de limón, se arregló y me dijo tan ricamente - Vámonos al circo.
El colegio estaba relativamente lejos, en una zona despoblada entonces, uno de esos polígonos industriales, donde los padres salesianos, que para eso de la cosa inmobiliaria siempre han tenido un ojo impecable, habían construido el nuevo y modernísimo colegio, previendo que llegaría un día, como así ha sido, en que se quedaría en el centro centrísimo. La abuelita se puso como un brazo de mar y ale, andandito andandito llegamos al colegio. Yo era el niño más feliz del mundo mundial, me encantaba que todo el mundo me viera con ella, tan guapa y tan alta,llegamos, nos sentamos en nuestros asientos, en primera fila, claro, y comenzó el espectáculo. Era un circo pobrecito, sin fieras ni trapecistas, tampoco había carpa, lo hacían en el salón de actos, unos payasos, unos chicos ajustadísimos de colorines que lanzaban bolos, y de repente salió un mago, un mago de esos que sacan pañuelitos de colores y alguna paloma, nada del otro mundo, el muy inocente empezó a ejecutar el truco ese de unos aros entrelazados, y como si tal cosa ¿a quién se le ocurrió darle los aros para que intentase destrabarlos? efectivamente, a la abuelita Remedios; ella, como lo más natural, hizo un gesto leve, seguro, y ante la consternación del mago los aros se soltaron por arte de birlibirloque. Risas y aplausos para la abuelita, yo no cabía en mí de orgullo, la verdad es que por aquel entonces tenía pocas oportunidades de brillar ante mis crueles y testosterónicos compañeros. Pero esa tarde fuí el colmo de la fortuna, mi abuelita era maga, a mí no me sorprendía. A la vuelta los ladridos de los perros y la oscuridad ya no me dieron miedo, al fin y al cabo iba de la mano de un hada.
Cuando llegamos a casa nos riñeron a los dos por habernos saltado la negativa a la torera. Mi padfre enfadado, mi abuelito también, por contagio. - ¿Se puede saber que coño habeis estado haciendo a estas horas? - Magia, dijo ella, mientras echaba a la olla las alcachofas, me guiñó un ojo
Y desde ese día supe que era un hada.
La abuela, porque mi abuela Rosario,nunca usó de diminutivos pese a su tamaño, era de gesto más bien serio, puede que por el trabajón de llevar adelante una familia tan grande, de atender la tienda, y estar al servicio integral del abuelo. Ella se manejaba perfectamente ocupando a todo el mundo, tenía una habilidad innata para encontrarle qué hacer a cada cual, uno pelaba almendras, la otra mullía los colchones, esos incomodísimos colchones de borra de lana, aquel llevaba las llandas al horno, la otra la ropa al lavadero, que la casa, enorme, tenía un lavadero inundado de sol donde siempre se oía el agua. Cuando, siendo chico, le preguntábamos - abuela, ¿donde está mi madre? ella, sin conmoverse, nos contestaba -La llevaba un perro en la boca - y ese quedaba tan pancha.
Cuando murió el abuelo se produjo un cambio sustancial en mi abuela, cerró la tienda, y toda esa adustez tan espartana se transformó en una indolencia dulce y amable, seguía manejando la casa con soltura, pero toda el autoritarismo y la sobriedad que siempre había exhibido se transformaron en condescendencia y liberalidad. Seguía yendo a misa, como era su costumbre, pero ya no nos preguntaba por el color de la casulla del cura, cada cual que hiciera lo que mejor le viniese,.
Yo era harina de otro costal, había tenido algún rifi rafe con ella, pero jamás, ni siquiera en la época en que ejercía, mi abuela, de sargento de infantería, había llegado el agua al río. Nunca me había preguntado, como hacían mis tíos y mis tías por qué no me echaba novia o cuando ibas a casarme, nunca jamás, una especie de entendimiento tácito había sorteado las respuestas incómodas. Afortunadamente yo no era el único de la familia que había preferido cambiar de acera, tenía un primo, que sin salir del armario, llegó una vez al pueblo con un novio, a pasar el fin de semana.
El cuadro era el siguiente: en la cocina mis tías y la abuela fregando la interminable vajilla, no es moco de pavo fregar el servicio de cuarenta personas, cuando por la puerta de entran mi primo y su nada masculino amigo. Luis, que mi primo, cosas de familia, también se llama Luis, le pregunta a su lover si quiere café, el muchacho le responde que sí, y ante el escándalo de mis tías le acaricia ligeramente la nuca.
Mis tías, asombradas, le preguntan a la abuela - Madre (Siempre le llamaron madre) ¿que le parece? la abuela se medio sonríe me mira, me guiña un ojo, y les contesta con toda placidez, - Pues una pareja bien avenida. En ese momento me di cuenta de que ésta, mi otra abuela, a su modo, también era un hada.
Mi tia Isa, no contenta, le pregunta, no quiero saber con qué intención, si sabe donde está la madre de mi primo, seguramente para ponerla en antecedentes, la abuela me coge de la mano, suave, y volviendo a sonreír, le contesta - La llevaba un perro en la boca - y elevando un poco la voz para acabar de dejarlo claro añadió - ¿estamos?
Hace tiempo que se marcharon, la abuelita después de que una madeja de lana se le metiese en la cabeza y los pájaros la persiguiesen durante años, se fué apagando poco a poco y un día de lluvia me quedé para siempre sin su regazo de flan; la abuela, cuando ya preparámos la fierta de su cien cumpleaños se echó una cabezadita en la mecedora después de comer, haciendo ganchillo, y ya no despertó.
Todavía, y seguro que será para siempre, sonrío cuando sueño con ellas.

precioso, lulu,precioso...
Seguro que tu abuela sigue siendo tu hadra madrina, tu ángel de la guarda... suerte que la tuvieses 100 años, y que su estela te ilumine 100 años más... esa madeja de lana que te dejó, y que tu hilvanas aquí, me recuerda a esto:
http://www.youtube.com/watch?v=n083cmoPohA
Desde que escuché estas notas de pequeño, supe que nunca me gustaría vivir entre tinieblas.
La rebeca que has tejido con ese ovillo, es tan grande y cálido que me lo he podido poner en este mediodía de sábado en el que el arroz no coge su punto.
Meet you.
PD: La soledad de la infancia, no hay aguarrás que la borre jamás...quien la idealiza es porque fue más desdichado de lo que confiesa.
Una infancia desdichada, Alejandro, puede ser un fantasma que te persiga por siempre jamás... y una entre algodones puede ser una burbuja que te envuelva eternamente y no te deje percibir que hay más allá.
Yo me quedo con la mía, no sabría definirla pero me ha hecho lo que hoy soy.
y respecto a lulu, sólo te puedo decir que la persona que lo coloreó no es un hada, es el Hada.
Como no vas a sonreir ¡... Estos recuerdos son los mayores tesoros, que maravilla que los compartas.
Besos Vampiro.
me dejaste sin palabras..., qué bonito recuerdo.
Un beso
NO TENGO PALABRAS, NO SE QUE DECIR .......MIS OJOS LLENOS DE LAGRIMAS LO DICEN TODO.
MI ABUELA ISABEL TAMBIEN FUE UNA DE LAS PERSONAS MAS IMPORTANTES DE MI VIDA LA RECUERDO CONSTANTEMENTE.......DICEN QUE LAS PERSONAS MUEREN CUANDO YA NO QUEDA NADIE QUE LAS RECUERDE....YO AUN HABLO CON ELLA........BESOS
Como a todos, me has hecho recordar mi infancia, pero sobre todo, he visto a mi madre hoy en día con sus nietos, igualita que tu abuela Rosario, pero calcadita, ehhh... Desde que murió mi padre, 16 años mayor que ella, se ha cortado el pelo al estilo Rosa Tous, se lo ha tintado blaco y se ha puesto un mechón morado que le recorre por la frente de patilla a patilla... ¡Si mi padre levantara la cabeza se volvería a morir! jajajaja... Perdonar que me ría, echo mucho de menos al sargento de mi padre, pero es que la adoro por darse los gustazos que no se ha dado a lo largo de su vida.
Por otra parte, yo pude disfrutar muy poco de mis abuelas. Mi abuela Hada madrina, murió muy joven y aquello para mi fue muy traumático. Y mi abuela Madastra, porque sí, era una madastrona mala, se murió muy vieja y no quiero ni acordarme... Eso sí, tuve un abuelo como el del anuncio de cocacola... y también vivió casi 100 años ¡Que grande era mi abuelo!... El recuerdo más vivo que guardo de él, es curioso, pero es de cuando yo tenía 3 años y vino a recogerme al colegio con una capa inmensa y negra para llevarme de la mano a casa porque mi madre no podía venir a recogerme... Mi hermano había nacido aquella tarde en casa.
Diego: precioso tú, y no de hermoso, que también sino de susceptible de ser apreciado.
la infancia como siempre digo es una playa, se puede superar, para eso crecemos, pero no se olvida, se queda cada vez más atrás pero siempre nos queda el eco de sus olas.
Arándano: Claro que sigue siendo mi hada madrina, me la devuelve su perfume, me la trae la brisa de las tardes blancas en mi mar, el olor de la pintura, el sabor del arroz de pescado... y sobre todo la certeza de que se puede afrontar la vida a carcajadas.
La soledad de la infancia se diluye por entre los años y queda como un rumor marcado a fuego en lo hondo, hondo del sentimiento.
Ser:Te leo y vuelvo a sonreír.
Lola: Pues también aprecio el silencio, por sentido,
JUAN CARLOS: ENTONCES MIS HADAS SON INMORTALES
MariVip: Y es que hay mujeres ;-) que solo florecen cuando aquel que les vallaba el jardín se marcha, supongo que también habrá hombres así, pero es más extraño.
Lo de las hadas tampoco es matemático, como lo de los abuelos magos, yo tuve uno que era un mago bondadosísimo y otro que fue un ogro malhumorado, lo importante es el hueco que dejaron.XXX
Un maravilloso recuerdo de tus abuelas, como siempre narrado con tanta emoción que me fascina... Uno se imagina perfectamente contemplando esa escena y casi pudiendo ver a tus abuelas. Gracias de nuevo.
Además me has hecho recordar a mis propias abuelas... aún conservo una, pero la que me falta la echo de menos a veces...
Me pedías el blog, así que te lo dejo aqui, aunque no lo considero demasiado interesante.
Un gran beso ;)
Cierto Lou. Hay huecos que siempre permanecen vacios y la única forma de rellenarlos son los recuerdos, pero ¡Hay otrooooos...! Que gracias a dios que dejaron hueco, porque ya nos ahogabamos todos... Lo que yo te diga.
y tú Lou, qué opinas de unos ojos...
De abuelita a abuela hay un mundo. La primera daba besos y la segunda -aunque sabia- nudillazos en los hombros.
La memoria te traiciona: el agua de lancaster era de la tita, el perfume de la tita
La abuela, aunque suene heavy para La Mancha profunda usaba Carolina Herrera y cuando iba a salir a la calle y la llamabas te decía "espera, que me echo la Carolina"
Rem: Yo de tí le echaría un vistazo a la salud de tu espejo, yo le he echado un vistazo a tu blog y rebosa emociones fascinantes que, mira por donde, nme intersan. Un besazo.
MariVipSuperStar: ¡Virgencica, déjame como estoy!,ya hija ya, hay huecos que son una liberación.
Calalola: Y tus ojitos que lo lean: ;-)
Mariliendre: Cuanta razón, (será el alemán ese que me esconde las cosas), es lo que tiene tener las mismas abuelas, qué te voy a contar, ahora lo corrijo, pues sí que... Apitos.
"La infancia es un privilegio de la vejez. No sé por qué la recuerdo actualmente con más claridad que nunca" .
"Es a veces un paraíso perdido, pero otras, es un infierno de mierda"
M Benedetti.
Lou, no te imaginas con tanta alegría vuelvo a leerte. Los ojos se me han llenado de lágrimas, ha sido reencontrar a un viejo amigo. No ha sido un encuentro buscado, lo reconozco, estoy a punto de ser madre de mi primer hijo, fruto del amor que surgió aquella noche festivalera, hace poco más de un año, ¿lo recuerdas?, y he venido a descansar al terruño, a falta de unas semanas para que Martín -así se va a llamar, o así se llama ya-, contemple la vida con sus propios ojos, y decida, espero, comerse el mundo. Estoy en el terruño, te decía, la irriSoria como yo le digo, y me he puesto a navegar por el pasado -tan lejos y tan cercano-, sin rumbo fijo, ¡y te he encontrado!
Tengo que ponerme al día con tus maravillosas historias, con esta has traído también a mi abuelita a mi lado, que también tenía "un regazo de flan". Soy, estoy, me siento muy feliz, ahora acompañada, casi a punto de tener mi propia familia así, sin comerlo ni beberlo, o quizá es que me lo había comido y bebido todo, y lo encontré al fondo del vaso y del plato.
Te mando muchos besos y mucho cariño, sincero, mago de las palabras.
Ciberia: Que alegria volverte a leer, y más todavia al leer lo que leo, tenían que ser mis hadas las que te regresaran, y encima, como no podíaser mejor, con la noticia de que eres feliz y tus sueños se van dejando coger con las manos. Estoy seguro de que Martín ya cuenta con sus beneficiosos influjos, será un niño my afortunado que porsupuesto tendrá todas lasganas de comerse el mundo. Aquellos que no dan valor a las amistades cibernéticas ni siquiera sospechan la cara de satisfacción que se me ha puesto. Te deseo toda la felicidad que puedas disfrutar en el fondo del plato. Un besazo grande.
Besos. Y espero compartir unas carcajadas pronto juntos.
Hay gente que ve la tele mientras come, yo, escasa de tiempo como ando entre declaraciones fiscales, contabilidades perdidas y recibos devueltos, prefiero alimentar el alma mientras apaciguo mi maltrecho estómago leyendo tus abandonas letras. Visualizo las escenas que describes, las personas que revives en tu mente y hasta me parece oler los perfumes que usaban. Me enternece tu memoria tan dulce para con ellas y aunque, a veces, compartas familia y viviencias cada cual guarda su propio y personal recuerdo de las mismas. La abuela que yo disfruté en mi adolescencia como madre no es la misma persona que mi prima recuerda cuando pasaba a verla los fines de semana.
Espero que nunca se agote tu galería interminable de personajes para poder seguir comiendo, aún a estas horas, frente a la pantalla del portátil.
Un beso enternecido por los recuerdos
Hola mi niño.
Que lindos recuerdos, Lou. Gracias por compartirlos.
Con ello nos acercas más a la linda persona que eres.
Besos tiernos, guapetón.
Que vuelvas