-Irrelevante es lo que ha querido decir Vuestra Majestad - Dijo el Conejo Blanco en tono respetuosísimo, pero frunciendo el ceño y haciéndole gestos mientras hablaba.
-Irrelevante, por supuesto quiero decir -se apresuró a rectificar el Rey; y prosiguió para sí, en voz baja-: Relevante... Irrelevante... Relevante -como si estuviese probando a ver como sonaba mejor.

Alicia en el país de las maravillas


-Lo malo es que está absolutamente obsesionado con el porno.
-¿Eh...?
-No es que el porno tenga nada malo, pero a veces piensas que es la auténtica y profunda razón que gobierna su vida.
Maru lanzó un hondo suspiro con su deje porteño y enarcó las cejas.
-Ay... -dijo
Desvié la mirada a la ventana abierta y la puerta cerrada.
- La verdad es que se pasó un poco en el Mónaco, ya sabes que en estos hoteles ponen porno toda la noche.
Oh... - dijo Maru, para quien el porno es un misterio masculino incomprensible.
-Se pasó la noche tumbado, viendo las películas...hétero, claro, que le gustan igual o más. Incluso salí a comprar la cena solo. Él no quería apagar el televisor.
Nos reímos, aunque la imágen era patética como dice ella: la de él así como es, con los pantalones por los tobillos, tan atiborrado de coca que apenas puede mantener la erección, sometido a la orgía de la pantalla. Maru dijo:
-Parece una pesadilla (con esa eshe tan suya), cariño.
- Él tambien es muy excitante.
-Quiero decir que más bien te compadesco si le querés tanto como decís y él te trata de esa manera. Sha ves, hasta me pregunto si es verdad que le querés.
En esto ví la hipérbole habitual de Maru y su natural manera obsequiosa de socavar mis amores.
-No, no -dije, con una risa despectiva, no es que ella me revelase la realidad de la historia, sino que al contarle aquellos pequeños detalles excitantes y divertidos le había contado algo de lo que no podía retractarme. Tengo una testigo- De todas formas -dije-, no tenía que haberte contado nada.
Una imperceptible iridiscencia verde esmeralda iba iluminando el momento desde la comisura de su labio superior hasta colorearla entera.
Mientras el Conejo Blanco era una estrella del porno cuyo esfinter tañía con las campanadas de las nueve

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